Capítulo XLII
Maximiliano
Desde aquella noche, Scarleth no me deja ni un segundo. Me llama a cada rato, aparece en lugares donde ni la espero y no hay momento en que pueda respirar tranquilo. Cada mañana llega al edificio con esa sonrisa que ya no me resulta tan dulce y me saluda frente a todos con un beso en los labios. Me sigue a todas partes. Cada gesto suyo me confunde, cada lágrima que derrama me hace sentir atrapado, y no sé cómo manejar esto sin perder la paciencia.
Sigo sin entender cóm