Capítulo CXLV
Camila
Me encuentro en casa.
Han pasado varios días desde que salí del hospital.
Mi embarazo va un poco mejor.
Ya no estoy en reposo absoluto… pero debo cuidarme. No puedo tener ningún estrés.
Debo llevar una vida tranquila… como si eso pudiera ser posible con mis pequeños.
Lo intento.
De verdad lo intento.
Pero nada es igual.
Mis pequeños ya no son los mismos desde que Greta se los llevó.
Sus risas son más cortas.
Sus silencios, más largos.
Sus ojos…
Ya no brillan como antes.
A veces despiertan en la madrugada, llorando.
Otras, se quedan mirando la nada.
Como si todavía estuvieran atrapados en ese infierno.
Y cada vez que los veo así…
Mi pecho arde.
Porque no hay castigo suficiente
Para todo lo que esa desgraciada les hizo.
Para todo lo que les dijo.
Para cada palabra que les clavó en el alma.
Para cada miedo que les sembró.
Todavía tengo grabado en la mente
El momento en que vi sus cuerpos marcados.
Sus moretones.
Sus bracitos llenos de huellas.
Sus quemaduras.
Recuerd