Capítulo CXLIV
Maximiliano
Levanto a mis gemelos y le dirijo una mirada a Hugo para que nos retiremos del lugar.
No digo nada más.
No hace falta.
Salgo de la bodega sin mirar atrás, directo hacia la camioneta.
Siento los cuerpecitos de mis hijos aferrados a mí.
Lían aún tiembla.
Su respiración es irregular.
Sus manitas me aprietan la camisa como si temiera que lo deje.
Sus ojitos…
siguen llenos de miedo.
Siento los pasos de los demás detrás de mí, pero no volteo.
No ahora.
No puedo.
Solo pienso