Capítulo CXLIV
Maximiliano
Levanto a mis gemelos y le dirijo una mirada a Hugo para que nos retiremos del lugar.
No digo nada más.
No hace falta.
Salgo de la bodega sin mirar atrás, directo hacia la camioneta.
Siento los cuerpecitos de mis hijos aferrados a mí.
Lían aún tiembla.
Su respiración es irregular.
Sus manitas me aprietan la camisa como si temiera que lo deje.
Sus ojitos…
siguen llenos de miedo.
Siento los pasos de los demás detrás de mí, pero no volteo.
No ahora.
No puedo.
Solo pienso en sacarlos de aquí.
En alejarlos de ese infierno.
Rodeo la camioneta por la parte trasera.
Ahí está Rafael.
De pie junto a la puerta.
Cuando nos ve, sonríe con suavidad.
—Hola, campeones… —murmura.
Ian lo mira.
Con desconfianza.
Con cansancio.
Rafael mete la mano en el pantalón y saca algo.
Dos paletas.
Las extiende.
—Para ustedes…
Ian duda un segundo.
Luego las toma.
—Gracias… —susurra, todavía cohibido.
Lían, en cambio, niega con la cabeza.
Se esconde en mi cuello.
Se aferra más fuerte.
Como