Capítulo XXII
Camila
Vamos camino al aeropuerto. Miro a mis niños en el asiento trasero, platicando entre risas, ajenos a la tormenta que nos persigue. Esa calma inocente es mi fuerza, pero también mi mayor miedo. No puedo fallarles.
Al cruzar nuestras miradas, compartimos una tierna sonrisa que me devuelve un instante de paz.
—Mami, ya extrañaba volver a nuestra casa y ver a los tíos y a nuestros amigos —me dice Lían.
—Yo también, mi amor —respondo, conteniendo la emoción.
—¡Sí! —exclama Ian,