Capítulo CXLII
Maximiliano
—Camí, amor… —susurro, mirando el celular por décima vez—. Contesta… por favor…
Nada.
Solo el tono frío marcándome que no hay respuesta.
Mi pecho empieza a apretarse.
Vuelvo a marcar.
Una vez.
Dos.
Tres.
Buzón.
—No… no, no… —murmuro, levantándome de golpe de la silla.
Showing el saco del respaldo sin siquiera acomodarlo.
Salgo de la oficina casi corriendo.
Camino por el pasillo sin ver a nadie.
Marco otra vez.
Nada.
Mis manos empiezan a temblar.
Entonces marco otro número.
Valeria.
Contesta al tercer tono.
—¿Max…? —su voz suena extraña. Rota.
—¿Dónde está Camila? —pregunto sin rodeos—. No me contesta. ¿Está contigo?
Silencio.
Demasiado largo.
—Max… —traga saliva—. Camila… está mal. Muy mal.
Mi corazón se detiene.
—¿Qué pasó?
—No sé… —su voz se quiebra—. Escuché ruido afuera, al salir vi a Camila tirada en el suelo sangrando…
—¿Qué? —pregunto aterrado, ya caminando hacia el elevador.
—Viene la ambulancia… la vamos a llevar al hospital…
—Valeria —la interrumpo