Capítulo CXLII
Maximiliano
—Camí, amor… —susurro, mirando el celular por décima vez—. Contesta… por favor…
Nada.
Solo el tono frío marcándome que no hay respuesta.
Mi pecho empieza a apretarse.
Vuelvo a marcar.
Una vez.
Dos.
Tres.
Buzón.
—No… no, no… —murmuro, levantándome de golpe de la silla.
Salgo de la oficina casi corriendo.
Camino por el pasillo sin ver a nadie.
Marco otra vez.
Nada.
Mis manos empiezan a temblar.
Entonces marco otro número.
Valeria.
Contesta al tercer tono.
—¿Max…? —su voz