Llegamos a la enorme casa y subieron mis maletas al dormitorio de Arthur. Milly me dijo que, por la hora, dejara todo en las maletas. Al día siguiente ella me ayudaría a desempacar y a ordenar todo. Le agradecí con un abrazo y le di las buenas noches. Estaba agotada físicamente. Subí la escalera y fui hacia la habitación de Arthur, quien venía saliendo del enorme armario que tenía. Había dejado mis maletas ahí.
—Son las doce de la noche, acostémonos y mañana Milly te ayudará a desempacar.
—Sí,