Al día siguiente, fui temprano en la mañana al restaurante y le entregué mi carta de renuncia a Gerardo. Se lamentó el perderme, pero me deseó toda la suerte del mundo. Me despedí de cada compañero con un abrazo y Luis fue el que lloró. Nos llevábamos muy bien, lo consideraba un buen amigo. Me prometió que no se alejaría de mí y yo hice lo mismo. No quería perder su amistad.
El miércoles por la mañana, comencé mis vacaciones. No había usado la piscina que tenía Arthur en su casa, desde que me h