El sábado por la tarde transcurría en una calma que Mikaela necesitaba desesperadamente. El sol se filtraba por los ventanales del salón, iluminando las motas de polvo que bailaban en el aire. Sobre la alfombra, Miki intentaba reconectar con su cuerpo, su rutina de yoga era distinta hoy. No buscaba posturas complicadas, cuidando de no apoyar ni un gramo de peso sobre su mano derecha. La muñeca seguía envuelta en un vendaje firme, aunque sin dolor ni inflamación, gracias al cielo.
Lukas la obser