La bandeja de la torta húmeda estaba sobre la mesa de noche y mis ojos perdidos estaban sobre ella. Había perdido apetito, sueño y ganas de cualquier cosa, eran pasadas las dos y treinta y cinco de la mañana y mi cuerpo se sentía más despierto que nunca.
Las palabras de aquella nota que se veía había sido preparada de forma deprisa en una hoja que del lado contrario tenía un examen médico y que terminó siendo escrita con el mismo bolígrafo que las enfermeras buscaban dentro de la habitación.
H