Mentía. Sí me asustaba.
No, no me asustaba, me aterraba la idea.
Lía había entrado con un buen semblante de su sesión de terapia. Entré unos quince minutos antes que ella a la casa y me bastó el tiempo para mostrar cierta normalidad a la hora de su llegada.
Luego, Crisálida nos había invitado a ayudarla con la preparación de unas pizzas para la cena, se me hizo imposible negarme y Lía no dudó en aceptar, así que, media hora después sonriendonos y charlando sin darnos un corto beso apenas ahí