El señor Clarkson se marchó tras merendar junto a nosotros un pastel de frambuesas que Crisálida horneó sabiamente. Su esposa le había llamado y percibí la indiferencia en la cara de Lía.
–¿Puedo preguntarte algo con el riesgo de sonar entrometido? –le pregunté mientras llevaba un trozo de pastel a su boca. Sus mejillas estaban sonrosadas y aunque era claro que no necesitaba que la alimentara, me complacía mucho hacerlo. Por supuesto que me animé cuando quedamos solos, aún no me atrevía a dec