El día transcurrió de forma lenta, al menos así lo percibí. A eso del mediodía un dolor de cabeza atormentante me invadió y decidí descansar un poco sin comer para sentirme mejor. Por suerte aquel día no tenía que ir al psicólogo y si así hubiese sido seguramente me habría disculpado por no poder asistir. Me desperté alrededor de las dos de la tarde y con frustración me di cuenta de que Emmet aún no llegaba a casa. Miré el teléfono en mi mano y con algo de pena decidí marcarle.
El teléfono son