–¿Quién eres, Lía?
No pude evitar reírme con nerviosismo. ¿Quién era? Es una pregunta que ni siquiera tiene sentido, quiero decir, es mi psicóloga, ¿No? Se supone que sabe quién carajos es el paciente que le paga por hora, al menos eso supongo.
–¿Qué? Yo… Soy Lía, Lía Clarkson.
Me sentía aún más tonta que ella especificando de ese modo.
La mujer, de unos treinta y ocho años, con cabello claro pero de un modo natural y muy abundante, con gafas de una forma bonita que le daban a su regordete r