Céline se detuvo frente al espejo largo del vestidor. A pesar del maquillaje aplicado con precisión, su rostro conservaba una palidez tensa, hundido levemente en las mejillas. Las ojeras no desaparecieron del todo, solo se camuflaron. Su piel había perdido el brillo. Parecía una escultura sin pulir. Optó por unas gafas oscuras, grandes, con montura discreta. No solo para el sol. Para cubrirse. Para elegir qué parte de sí mostrar.
Clarisse la observó desde la puerta. No dijo nada, pero asintió