El sonido del reloj de pared marcó las 10:47. Céline no se había percatado del paso del tiempo hasta que su asistente entró con una nueva carpeta de reportes.
—¿Los revisa ahora o más tarde, señora Valtieri?
—Déjalos aquí —respondió sin levantar la vista.
Tan solo en esa mañana había revisado cuatro contratos, firmado quince documentos y coordinado dos reuniones. Pero la ansiedad no cedía. Su mirada volvía, una y otra vez, al teléfono.
No había llamado. Tampoco le contestaba.
Kilian no la