El agua caliente no bastaba.
Kilian se restregó la piel con una fuerza casi dolorosa, como si pudiera borrar lo que había hecho con Alina si insistía lo suficiente. El jabón resbalaba por su pecho, por sus brazos tensos, por el cuello donde ella había dejado una marca invisible que solo él sentía arder.
Se apoyó un momento contra la pared de mármol, con los ojos cerrados y la culpa en espiral dentro del pecho.
“No soy esto.”
Pero lo era. Lo había hecho. Y no había marcha atrás.
Cuando finalment