La casa estaba en silencio cuando Céline llegó. Solo el murmullo lejano de los niños en su sala de juegos rompía la quietud. Dejaron las mochilas en la entrada, habían traído dibujos para mostrarle, pero ella les prometió verlos después de una ducha. Necesitaba un respiro. Un momento sola.
Subió las escaleras con la elegancia automática que se había convertido en su escudo. Al pasar por el pasillo, vio la puerta del cuarto de invitados entreabierta. No quiso mirar dentro. No necesitaba pruebas