El primer indicio fue la tibieza de las sábanas a su lado.
Céline se desperezó con lentitud, el cuerpo aún perezoso, la mente alerta demasiado pronto. Giró levemente el rostro y vio la otra mitad de la cama desordenada, las marcas de una presencia que no recordaba haber sentido.
Durmió aquí.
No sabía cómo sentirse con eso. No sabía si le molestaba o la aliviaba. Solo sabía que, al menos por unas horas, no había estado sola.
Se sentó al borde del colchón y se frotó el rostro. El reloj ma