El salón estaba en silencio cuando Céline entró. No porque no hubiera ruido: había pasos, hojas pasando, murmullos bajos de abogados . Pero para ella, todo eso se borró en cuanto lo vio.
Kilian.
Esposado, sentado al fondo, demacrado. Con el cabello más corto, sin su elegancia habitual, sin su apellido en la solapa. No la miró. O tal vez sí, pero no como antes. Ya no había pertenencia. Solo el reflejo de lo que fueron.
Matthias estaba con ella, a unos pasos de distancia. No dijo nada. No t