De vuelta en casa, la noche transcurrió con una paz suave y callada. Había algo en la cena —quizás la calidez de las luces tenues, o la forma en que los niños se acomodaban sin protestas— que hacía sentir que, al fin, se respiraba estabilidad.
Elian pidió repetir sopa. Yvania dejó que Matthias le peinara el cabello mientras hablaban de estrellas. Céline los observaba con una mezcla de ternura y asombro. Parecían… bien.
—Creo que ya queremos volver a la escuela —dijo Elian, de pronto, sin le