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Últimamente, las cosas se sentían diferentes.
No perfectas. No resueltas. Pero… posibles.
Kilian no se lo decía en voz alta, pero había días en que despertaba y sentía algo parecido a paz. No dormía en el sofá, no llegaba de madrugada, y Céline ya no lo miraba como si esperara que todo se rompiera. Compartían espacio, rutinas. Algunas risas cortas en la cocina mientras preparaban la lonchera de Yvania. Comentarios cómplices cuando Elian insistía en usar su “bata de científico” para los p