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Kilian no durmió bien esa noche. Sintió cuando Céline se acercó, cuando su mano rozó suavemente su espalda en ese gesto silencioso que, más que una caricia, era una pregunta. También sintió el impulso de girarse, de buscarla entre las sábanas, de sostener su rostro con ambas manos y prometerle que seguía ahí, que no se había ido del todo. Pero no lo hizo.
Porque si lo hacía, tal vez la besaría.
Y si la besaba, tal vez se quedaría.
Y si se quedaba, ¿quién era él entonces?
La voz de Alina vol