Kilian se ofreció a llevar a los niños a la escuela. Hacía tiempo que no lo hacía. Elian e Yvania lo celebraron con entusiasmo desordenado: dos mochilas mal cerradas, promesas de portarse bien y dibujos que no cabían en las manos.
Céline, observando la escena desde la cocina, decidió bajar la guardia. Tal vez lo de anoche había sido solo una forma de reafirmarse. Tal vez él necesitaba sentirse otra vez él… para reencontrarse.
Cuando estuvieron listos, Kilian se acercó. Esta vez no fue un be