—Ella no.
Resulta que se regó el chisme de que Dante no quería acostarse con nadie,
y empezaron a crear rumores por la situación.
Unas dicen que ama a Grecia y no la puede olvidar,
otras que le gustan los hombres,
y la mejor: que sufre de impotencia.
Abrí los ojos, asombrada.
—Hay una competencia entre las mujeres que lo conocen —siguió Emilia—.
Han apostado hasta dinero.
La que logre hacerlo salir del celibato se lleva una gran suma.
Y yo voy a apostar por ti.
—¿Yo? ¡Por mí no!
No… ¿po