—La verdad, sí es un vestido bonito... y ahora combina con el rubor en tus mejillas —sonrió y salió.
Tuve que volver a sentarme.
«Toda la vida he sido la persona imprudente del grupo.
Tengo que culpar a mi madre.
No había nadie más imprudente que ella, y siempre la regañaba.
Pero ahora tengo que engañarme a mí misma.
Es su culpa... una parte de él me pone nerviosa, me hace sentir indefensa y, al mismo tiempo, a la defensiva.
Todo para que no note que es totalmente mi tipo».
Salí detrás de é