Abrí los ojos, asustada, «comisaría de qué o qué… Ahora, ¿qué fue lo que hicieron? ¿Será grave?», pero no me moví, para ver si escuchaba más.
—Yo estoy con Aurora, ¿quieres que vaya?… ¿Y el trabajo? —Se escuchaba la voz del hombre, pero no lo suficiente para distinguir lo que decía—. Sí, entiendo, entonces saldré ya…
Estoy bien… no te preocupes por mí.
Lo entiendo, papá. Te pido disculpas por esto; yo lo solucionaré.
Colgó y cerré los ojos, haciéndome la dormida, para no pasar por chismosa.
D