No duermo. No puedo.
Lo intento. Estoy tumbada en la oscuridad con el móvil boca abajo sobre la mesita de noche e intento respirar tal y como te enseñan en el taller de gestión del estrés al que el hospital obliga a asistir a todo el personal de urgencias cada dos años. Inspira durante cuatro segundos, aguanta la respiración durante cuatro, espira durante cuatro. Funciona con los pacientes ansiosos. A mí, esta noche, no me sirve de casi nada.
A la una y cuarto cojo el teléfono y vuelvo a mirar