Primero prepara té.
La observo moverse por la pequeña cocina contigua al salón, llenando la tetera, sacando tazas del armario, haciéndolo todo con la tranquilidad de quien sabe que las conversaciones más importantes necesitan un momento de cotidianidad antes de comenzar.
No la meto prisa.
Me siento en el borde de una silla vieja, cómoda y desgastada de esa forma tan característica de los muebles que han acogido a mucha gente en momentos difíciles. Observo la sala de estar a mi alrededor. Más fo