Vuelvo a pasar la noche en vela.
Estoy tumbada en la habitación de invitados, con las galletas a medio comer en la mesita de noche y la fotografía de mi madre metida boca abajo en mi bolso —porque esta noche no puedo mirarla—, y pienso en Marco Vitelli con esa claridad precisa y quirúrgica que solo se tiene a las dos de la madrugada, cuando ya no queda nada que te distraiga de la verdad.
Cuatro años.
Cuatro años de cenas y discusiones y reconciliaciones tras las discusiones y de construir una v