El mensaje corto apareció en la pantalla del teléfono de Anna con un cifrado de alto nivel que permanecía activo solo diez segundos antes de desaparecer. Era breve, consistía en coordenadas y una única instrucción: “Sector privado. 14:00. Sin colas”.
Anna sorbió su café negro, con los ojos fijos en el gran ventanal que daba al jardín trasero de su casa. Sabía quién la contactaba. No se trataba de Nikolai; se trataba de la agencia a la que pertenecía, la parte que realmente la había enviado a infiltrarse en el círculo íntimo de la familia Volkov.
Sin usar chófer, Anna condujo el auto rojo que su padre le había regalado como recompensa por haberse ganado a Nikolai con éxito. Desafortunadamente, tan pronto como salió a la carretera, notó que un sedán negro la seguía. Estaba segura de que no pertenecía a su organización. La persona de la que sospechaba que le había plantado un espía solo podía ser del bando de la Bratva. Podría ser Nikolai, o podría ser Ivan.
—Maldita sea, quieren jug