El mensaje corto apareció en la pantalla del teléfono de Anna con un cifrado de alto nivel que permanecía activo solo diez segundos antes de desaparecer. Era breve, consistía en coordenadas y una única instrucción: “Sector privado. 14:00. Sin colas”.
Anna sorbió su café negro, con los ojos fijos en el gran ventanal que daba al jardín trasero de su casa. Sabía quién la contactaba. No se trataba de Nikolai; se trataba de la agencia a la que pertenecía, la parte que realmente la había enviado a