CAPÍTULO 90: LOS ERRORES DE MI PASADO
Erik
La diosa me guía hacia afuera. Seguimos en la mansión, pero ahora es diferente. Ya no hay habitaciones, salones o pasillos familiares, solo este corredor interminable, flanqueado por puertas a ambos lados que se extienden hasta donde la vista no alcanza.
Un escalofrío me recorre la espalda.
—¿Qué es esto? —pregunto con firmeza, pero a la vez con un matiz de cautela.
Lúa no me mira. Sus ojos plateados permanecen fijos en la inmensidad del pasillo.
—Es tu