Mundo ficciónIniciar sesiónHazel Newton, una joven huérfana marcada por una vida de sufrimiento, está a punto de descubrir que su calvario apenas comienza. Secuestrada y vendida a una red clandestina, cree que su destino está sellado, pero no tiene idea de que está siendo arrojada a un mundo sobrenatural del que no podrá escapar. Como parte de un siniestro experimento, Hazel es inseminada junto con otras mujeres. Una tras otra, todas sucumben… excepto ella. Erik Stone, el despiadado Alfa de la manada Luna Sangrienta, ha pasado 300 años buscando a una mujer lo suficientemente fuerte para gestar a su heredero. Cuando le informan que una humana ha sobrevivido a la noche, se siente intrigado. Pero al verla, su fascinación se convierte en desdén: delgada, débil y temerosa, Hazel no tiene lo que se necesita para ser su Luna. Sin embargo, si puede cumplir su propósito, será suficiente… por ahora. Atrapada entre su propia fragilidad y la brutalidad de un Alfa que solo la ve como un medio para un fin, Hazel comenzará a descubrir una verdad más profunda: la conexión entre ellos va más allá de lo que ambos están dispuestos a admitir. Mientras los secretos de su pasado y el de Erik se entrelazan, la atracción entre ellos se convierte en un campo de batalla. ¿Podrá Hazel romper las barreras del corazón de Erik y demostrarle que ella es más que una simple humana, o su amor estará destinado a ser consumido por el orgullo y la oscuridad?
Leer másLos minutos no parecían pasar lo suficientemente rápido mientras aguardaba ansiosa por los resultados que podían cambiar mi vida para siempre. Me había levantado a primera hora de la mañana y, tras leer las instrucciones, me hice cinco pruebas caseras de embarazo. Alineé cada una en el suelo y esperé sentada sobre la tapa del sanitario, mordiéndome nerviosamente la uña del dedo pulgar, un mal hábito que jamás pude superar a pesar de haber intentado todo para hacerlo.
Tras los cinco minutos más largos de mi vida, cerré los ojos y suspiré antes de atreverme a mirar los test en el suelo, a mis pies. ¡Había llegado el momento de la verdad! —¡Oh, Dios mío! —pronuncié cubriéndome la boca con una mano cuando descubrí que cada prueba había arrojado el mismo resultado: positivo. ¡Estaba embarazada! Lágrimas de alegría acudieron a mis ojos y se derramaron en mis mejillas, mojándolas a raudales. Estaba muy contenta, en mi interior crecía un pedacito de mí y de un donante desconocido que había hecho real mi sueño de convertirme en madre. Siempre quise tener un hijo y quería hacerlo cuando aún fuera joven. Acaba de cumplir treinta y seis años, era una mujer independiente, estable económicamente y con la madurez suficiente para criar un hijo sola. Era el momento justo para intentarlo, mi único impedimento era que estaba soltera. Estuve durante años en una relación que nunca llegó a ser seria. Compartíamos la cama, pero nunca fue estable o trascendental como para pensar en tener un hijo con él. Entonces, si quería quedar embarazada, tenía dos opciones: concepción asistida o adopción. Claire decía que había una tercera: enrollarme con alguien y dejar que la naturaleza siguiera su curso. Pero no, los romances de una noche no eran lo mío. ¿Y si me contagiaban una enfermedad? ¡Era demasiado riesgoso! Además, no podía acostarme con un tipo al azar solo porque quería tener un bebé, lo mejor era recurrir a la inseminación artificial, de ese modo, no correría ningún peligro. Lo hablé con mi ginecóloga y me envió a hacer una ecografía y algunos análisis de sangre para constatar que gozara de perfecta salud. Unos días más tarde, volví al consultorio y la doctora Miller confirmó que podía optar por la inseminación. Mi prima Nicole me apoyó completamente, dijo que ser madre es lo más hermoso que puede suceder en la vida de una mujer. Pero mi mejor amiga, Claire, juró que había perdido la cabeza por completo, decía que era muy joven y que podía esperar. Pero yo no quería esperar más. El siguiente paso, fue escoger un donante de entre miles de candidatos, entre ellos, un neurocirujano de ojos cafés y cabello oscuro, alto, atlético, que gozaba de buena salud y de otras muchas cualidades que lo convirtieron en mi elegido. —Hola, pequeñín, soy tu mami. Estoy muy feliz de llevarte dentro de mí —murmuré tocándome el vientre, con una sonrisa en la cara. Emocionada, tomé una fotografía de los test con mi celular y la envié al grupo de W******p que tenía con las chicas. Ambas me felicitaron sabiendo lo mucho que deseaba tener un hijo. Claire no estuvo de acuerdo con el inicio, pero terminó apoyándome.Las siguientes semanas, pensé que iba a enloquecer. Quería que el tiempo pasara rápido para ver a mi bebé. Y cuando finalmente llegó el día, cuando pude ver en el monitor que ciertamente dentro de mí se estaba gestando el milagro de la vida, lloré de emoción. Tenía cinco semanas de embarazo ese día, todo lo que pude diferenciar fue un punto blanco sin forma dentro de lo que Sara describió como saco gestacional, pero sentía que mi corazón iba a estallar de alegría. Fue… maravilloso. Claire y Nicole me acompañaron, estaban tan emocionadas como yo y lloraron conmigo. Hasta entonces, había sido el momento más feliz de mi vida, porque sabía que vendrán muchos más. Desperté con náuseas otra vez y sin ningún ánimo de ir al bufete, pero igual me levanté, tomé una ducha y saqué del clóset una falda negra de tubo, una camisa roja de botones, manga larga, un cinturón Hermes y mis stilettos negros favoritos. Tomé del cajón un conjunto de sostén y pantis de encaje rojo. Me vestí, peiné y maquillé como parte de mi rutina diaria para salir a trabajar. Fui a la cocina y tomé zumo de naranja, lo único que me provocaba porque las náuseas me habían quitado el apetito. Volví a mi habitación y alcancé mi teléfono móvil –lo había dejado sobre la cama antes de ir al baño– y vi que tenía dos llamadas sin contestar de la clínica de fertilización. Me pareció extraño que estuvieran intentando contactarme y les devolví la llamada mientras iba por mi bolso. —Clínica de Fertilidad Eva, buenos días. ¿En qué puedo ayudarle? —dijeron al responder. —Buenos días, soy Ava Greene, tengo algunas llamadas sin contestar de parte de ustedes, son de hace unos minutos. —Oh, sí, claro, señorita Greene. Necesitamos que se acerque a la clínica para hablar con usted de un asunto importante.—¿De qué se trata? —pregunté con el ceño fruncido. Apenas hacía unos días estuve con Sara en mi consulta de control y ella no mencionó ningún asunto importante. —Lo siento, pero es un tema delicado que no podemos tratar por este medio. ¿Puede venir hoy a las nueve de la mañana? —preguntó con cautela, temerosa. Me paralicé en medio del pasillo, sintiendo mi corazón palpitando con fuerza. Ya había salido de mi apartamento para entonces—. ¿Señorita Greene? —Sí, ahí estaré —respondí secamente y finalicé la llamada, retomando mi camino hacia al ascensor. Iría en ese mismo momento a la clínica para salir de dudas. Le avisé a mi secretaria que llegaría más tarde al trabajo y me dirigí a la clínica. A las ocho y veinticinco de la mañana, estaba deteniendo el auto frente a la Clínica Eva, sintiéndome enojada. Detestaba los imprevistos, era irritablemente perfeccionista y controladora, mi día a día estaba planificado con fecha, hora y lugar en mi agenda personal. Incluso, mis tiempos de ocio, que eran muy pocos. Jenny, mi secretaria, manejaba mi agenda laboral y, a esa hora, debía estar en mi oficina trabajando en el caso de un nuevo cliente, Nicholas Anderson, quien fue sentenciado injustamente a tres años de prisión por homicidio doloso, del que había cumplido doce meses. Mi plan era solicitar la libertad condicional, apelando a su buen comportamiento en prisión. Anderson nunca debió ir a prisión, pero el abogado asignado por el Estado le aconsejó que se declarara culpable y aceptara la oferta de la fiscalía. Mis tacones resoban contra el piso de granito pulido mientras me acercaba al mostrador de la clínica, llamando la atención de Amy, la recepcionista, quien, al verme, palideció. —Buenos días, señorita Greene. Puede tomar asiento en la sala de espera, por favor. En breve la atenderán —habló rápido y nerviosamente, lo que me dio a entender que ella estaba al tanto de porqué estaba allí.—¿Quién? —cuestioné con voz aguda y gesto severo. Me disgustaba sobremanera que ella tuviera información de lo que sucedía y yo no. —No estoy autorizada para decirlo, señorita Greene, lo siento mucho —manifestó con discreción. Tenía la verdad en la punta de la lengua, lo sabía, y no me sería difícil hacerla hablar, pero no quería meterla en aprietos. Ella siempre había sido amable conmigo. —Diles entonces que no me hagan esperar mucho, tengo que trabajar —advertí y me dirigí a la sala de espera, que se encontraba extrañamente desértica. No era normal que fuera la única en el lugar. Por lo general, la sala siempre estaba atestada de mujeres, tanto solas como acompañadas, y también de algunos hombres, que presumía eran donantes. Tomé asiento en una de las tantas sillas libres y, un par de minutos después, escuché una voz masculina proveniente de la recepción, pero no alcancé a apreciar lo que decía, aunque no era de mi interés, todo lo que quería era reunirme con quien fuera que iba a atenderme y saber, de una vez, cuál era el bendito asunto que me llevó ahí. Tenía cosas que hacer, no podía malgastar mi tiempo en nada. No pasó mucho antes de que el dueño de la voz caminara hasta la sala de espera y apareciera en mi campo de visión. Era un hombre alto, delgado, de tez clara y cabello castaño oscuro, con presencia de algunas canas. Vestía un traje negro a la medida sobre una camisa blanca, corbata azul y zapatos negros pulidos. Venía distraído con su teléfono móvil, lo que me impidió detallarle el rostro. Aunque, a simple vista, se me hizo conocido, algo que no sabría hasta verlo bien. Aparté la mirada antes de que notara que lo estaba observando y simulé buscar algo dentro de mi bolso.—¿Ava Greene? —preguntó el hombre en cuestión, reconociéndome, y se detuvo delante de mí. Alcé mi rostro hacia él y descubrí con asombro que se trataba del Juez Harris. Él llevó un caso penal que defendí, el cual concluyó en la declaración de inocencia de mi cliente, fue ahí donde me conoció, pero no creí que memorizara mi nombre, mucho menos que me reconociera. Antes de ser juez, fue abogado en la firma que ayudó a fundar, Harris, Wagner & Asociados. Ganó muchos casos que generaron ganancias millonarias y, después de doce años, dejó la firma para ser juez penalista, conservando la reputación intachable que lo precedía, en cuanto a la ley se refería; porque, según las malas lenguas, Harris era un donjuán, decían que se había llevado a la cama a un gran número de mujeres, se rumoreaba también que estaba muy bien dotado y que era un “dios del sexo”. Eso no tenía modo de saberlo ni me interesaba averiguarlo tampoco.EPÍLOGOHazelEl aire se siente lleno de expectativas, puedo sentirlo en cada fibra de mi ser mientras las contracciones me recorren. Son intensas y despiadadas, siento que me desgarran por dentro. Estoy cubierta de sudor, mi respiración es agitada y entrecortada, pero no estoy sola esta vez. Erik está a mi lado, su mano firme sostiene la mía y su otra mano acaricia mi frente con ternura, limpiando los mechones de cabello que se han pegado a mi piel húmeda.La última vez que estuve en esta situación me encontraba vulnerable, rodeada de personas que querían hacerme daño e inconsciente y a punto de morir. Pero ahora es diferente, ahora está a mi lado la única persona que va a protegerme incluso con su vida misma.—Lo estás haciendo increíble, mi amor —su voz es profunda y reconfortante, pero no puede ocultar la preocupación en su mirada de ojos verdes intensa.Aprieto su mano con fuerza mientras otra oleada de dolor me sacude. Cierro los ojos y gruño, concentrándome en la voz de Rosie, q
CAPÍTULO 168: FINALMENTE, SU LUNAHazelEl sol apenas comienza a asomarse en el horizonte cuando la manada se reúne en el claro central del territorio. La batalla quedó atrás, y aunque la muerte de Axel sigue siendo reciente, hoy es un nuevo comienzo para todos. La energía que se siente en el aire es distinta. Ya no hay tensión, ya no hay guerra. Solo expectativa.Estoy de pie junto a Erik, con Harik en mis brazos, mientras los lobos nos observan en completo silencio. Sé lo que está a punto de pasar, pero aun así, mi corazón late con fuerza. Nunca me ha importado lo que piensen los demás, pero hoy es distinto. Hoy no se trata solo de mí o de Erik. Se trata de la manada, de nuestro futuro.Erik da un paso al frente y su voz retumba con autoridad.—Lobos de la Luna Sangrienta, nuestra manada se ha restaurado. Ahora somos más fuertes, más unidos que nunca. Es momento de mirar hacia adelante. De dejar atrás la traición y la sangre para comenzar una nueva era.Las miradas de los lobos se i
CAPÍTULO 167: EL MÁS PODEROSO DE TODOSHazelEl crujido del cuello de Axel se puede escuchar claramente en la mansión. Un sonido seco y definitivo. Y con él, todo se detiene.Los rugidos, los gruñidos, el choque de garras contra carne y hueso… todo se silencia al instante. Un escalofrío recorre el aire, como si la misma esencia de la batalla se hubiera arrancado de raíz.Los lobos de la manada original de Erik, aquellos que nunca dejaron de serle leales, caen de rodillas al unísono. No hay duda en sus movimientos, solo respeto y lealtad. Durante mucho tiempo han esperado este momento, han soportado el yugo de un Alfa que nunca fue realmente suyo. Y ahora, al ver a Erik victorioso, saben que su lugar siempre ha estado con él.Por otro lado, los lobos que se unieron a la manada después de la caída de los Stone no reaccionan de inmediato. Algunos retroceden, el desconcierto nubla sus rostros. No han conocido otra cosa que el mandato de Axel, y sin su Alfa, están perdidos. Pero antes de q
CAPÍTULO 166: NO HAY REDENCIÓNErikAxel gruñe, su pecho se expande y contrae con cada respiro agitado, la sangre gotea de su costado y mancha el suelo de piedra bajo nuestros pies. Mi propio cuerpo no está mejor, la piel está desgarrada y los músculos me arden pero no me permito titubear. La batalla aún no ha terminado.Él me mira con odio puro, sus ojos brillan con esa rabia que ha arrastrado por siglos. Sé que no parará hasta verme caer, pero yo tampoco pienso rendirme. Esta pelea ha sido inevitable desde el momento en que intentó quitarme a Hazel, cuando por su culpa perdí a mi hijo y a ella por demasiado tiempo y luego me arrebató mi manada, cuando se dejó consumir por la venganza, cuando se convirtió en la sombra de lo que alguna vez fue. Axel cree que lucha por algo justo, pero todo ha sido una mentira, una ilusión tejida por manos más crueles que las nuestras.—Todo este tiempo —le digo entre jadeos, enderezándome mientras siento la sangre cálida resbalar por mi mandíbula—, to
CAPÍTULO 165: EL INICIO DE LA PELEAErikEl aire en la mansión apesta a Axel. A su podredumbre, a su corrupción y la mentira en la que ha vivido todos estos siglos.Mis garras se extienden instintivamente, mi instinto me grita que ya no hay tiempo para sigilo. No cuando el sonido de nuestras pisadas se puede escuchar en estos pasillos que alguna vez fueron míos.—Axel —gruño su nombre, sintiendo cómo la rabia se retuerce en mis entrañas.Él está aquí. Lo sé. Puedo oler su hedor a rancio flotando en el aire.Rodrigo, a mi lado, asiente con la cabeza y se adelanta con un grupo de los lobos de Hazel. Algunos de nuestros lobos se separaron del grupo antes de entrar en la mansión. Se movieron rápido y en silencio, colocando explosivos en puntos estratégicos del terreno. No los usaremos para matar, sino para desorientar, para sembrar el caos.Me interno en la mansión con Hazel y algunos más a mi espalda. Mi corazón ruge con una furia tan primitiva que casi puedo sentir el ardor de la transf
CAPÍTULO 164: IRÉ CONTIGOHazelVer a Rosie tan feliz con Kelan me llena el corazón de una calidez indescriptible. Su risa brillante y sin restricciones se escucha de nuevo en el aire como la persona que solía ser. Durante demasiado tiempo Rosie ha vivido con una sombra sobre ella. Desde que casi murió y perdió el título de Alfa a manos de Axel, algo en ella cambió. Su energía vibrante, su espíritu indomable, esa chispa que iluminaba cualquier lugar al que llegaba, parecían haber sido aplastados bajo la pérdida de su Mate.Pero ahora… ahora parece que la verdadera Rosie ha regresado.Sus ojos brillan de nuevo, su sonrisa es genuina, y la forma en que se aferra a Kelan, como si fuera su ancla, me dice que finalmente tiene una razón para luchar más allá del dolor.Sin embargo, el momento no dura demasiado.Un carraspeo firme nos saca a todos de nuestro ensueño. Erik se adelanta, ubicándose en el centro del grupo. Sin darnos cuenta, nos hemos agrupado en un círculo, como si la cercanía n
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