El sonido del teléfono a las tres de la mañana fue como un disparo en el silencio del pequeño loft. Karen contestó con el corazón en la garganta, sabiendo que las noticias a esa hora nunca eran buenas.
—¿Aló? ¿Mami? —su voz temblaba.
—Hija... —el llanto de su madre al otro lado de la línea la paralizó—. Es tu papá. Le dio una crisis respiratoria muy fuerte. Lo tuvimos que llevar de emergencia, pero aquí no hay nada, Karen. Nos piden una fortuna para dejarlo hospitalizado y comprar el oxígeno. N