Karen sentía que el suelo se movía bajo sus pies. Desde que salió de la clínica, su mente era un caos de miedo y confusión. ¿Embarazada? ¿Mellizos? Se repetía una y otra vez mientras limpiaba la misma mesa por décima vez en la cafetería. Ava la miraba con preocupación desde la barra, pero Karen no se atrevía a decir una palabra; el secreto le quemaba la garganta.
De pronto, el sonido de la campana de la entrada no fue el habitual tintineo. Fue un golpe seco. El aire de la cafetería pareció cong