Capítulo 34. El Despertar del Corazón.
Lucas lanzó una sonrisa angelical, de esas que podían derretir el hielo, mientras yo estaba ocupada mirando a mi alrededor, presa del pánico.
Revisaba el coche de los guardias, el portal de mi casa, y las ventanas del segundo piso. Estaba aterrada de que la seguridad de Nora, o peor aún, mi mamá, pudieran habernos visto.
—Ven, tranquilízate —me dijo Lucas, con esa indiferencia elegante, como si ese beso que acababa de robarme no hubiera pasado en absoluto—. Quiero seguir disfrutando unos minuto