Capítulo 31. De nuevo a casa.
La mañana en la mansión Wilson era fría y no había amanecido del todo. Apenas eran las siete. Yo estaba en la habitación de mamá, ayudando a Elsa, la enfermera, a darle un masaje en las piernas. Ella estaba tan pálida después del shock de ver al tío de Lucas anoche.
Y entonces, sin un toque a la puerta, sin una sola advertencia, entró Nora. Parecía un témpano de hielo delirante.
—Tienen que irse ahora mismo de la mansión —espetó, y ni siquiera me miró a mí primero. Fue como si nos odiara a las