Capítulo 25. No me amenaces.
El eco de la doctora Helen resonaba en mi mente con la fuerza de un timbal: "Embarazo múltiple... posiblemente sean dos."
Me tumbé en la cama, pero ya no era la misma chica que se hundía en la desesperación. El pánico se había evaporado, reemplazado por una frialdad brutal. Ahora había dos vidas que salvar, y la promesa de una libertad que antes era inimaginable.
Nora quería un heredero; yo le daría uno, el que me exigía el contrato. Pero el otro, el que nadie esperaba, el que era un regalo del