El silencio que siguió a la caída de Julian Vane no fue de paz, sino de una tensión eléctrica que zumbaba en las paredes de cristal de la Torre Vane. Aura se encontraba en el centro del ático, observando cómo las primeras luces del alba bañaban el Central Park. Había pasado la noche en vela, rodeada de abogados, expertos en relaciones públicas y auditores forenses que entraban y salían del salón como hormigas en un hormiguero perturbado. La victoria en la gala del MoMA había sido total, un golp