La lluvia golpeaba el parabrisas del SUV blindado con una furia que parecía querer perforar el cristal. Aura se hundía en el asiento de cuero, sintiendo el frío del metal de la pistola contra su muslo, un contraste punzante con la seda de la lencería que aún llevaba bajo su abrigo de cachemira. El coche, conducido por hombres cuya lealtad acababa de comprar con promesas de cifras de siete ceros, se deslizaba por las calles desiertas de Manhattan como un fantasma metálico. Aura miraba por el ret