Con la mirada perdida iba Isabella viendo a través de la ventanilla del coche deportivo, mientras Oliver la veía en silencio, con ganas intensas de preguntarle cosas muy personales, pero no sabía cómo hacerlo, porque el miedo a ofenderla le detenía y odiaba la sola idea de que ella se mostrase irritada.
—No debiste pedir que te dejaran salir del hospital, tu semblante pálido aún muestra que estás enferma. — No aguantó más y le reclamó.
—Los hospitales me enferman, además tengo mis razones para