Promesa incumplida.
A Isabella el silencio la estaba aturdiendo y una opresión en su pecho le dificultaba poder respirar cada vez que miraba a su alrededor notando como todo le parecía vacío a pesar de no estarlo.
—¡Qué ironía! —. Se echó a reír con amargura por su propia contradicción y volvió a decir:
—Porque debo sentir tristeza si me encanta mi privacidad y con Maximiliano y su hijo invadiendo mi espacio no me sentía bien— se animaba a sí misma a ignorar su propio sentir. Soltó un suspiro a medida que regresaba