Perro de los mandados.
Angustiada, desesperada y sin saber qué hacer para que Maximiliana se pudiera tranquilizar y de ese modo redujera un poquito la velocidad a Isabella los nervios le hicieron llorar; aunque no era su propósito hacerlo por más asustada que estuviera, ya que pensaba que llorar es un signo de debilidad que antes mostraba y que ahora no está dispuesta a dejar que nadie vea, pero lamentablemente una cosa eran sus deseos y otra es a la que la circunstancia la está obligando.
—Te pedí que te detengas— m