Jefe déspota.
Maximiliano no dejaba de observar disimuladamente a Isabella, apreciando cada uno de sus gestos y como trataba de buscar posturas cómodas para Emiliano, incluso cuando sentía que él no estaba pendiente la veía acariciar su cabellera y sus manos, y cuando no, lo olía como si disfrutara del aroma que posee el cuerpo del niño.
Durante media hora él no hizo nada más, incluso fingió que iba a realizar cosas fuera del despacho para poder darle espacio a que ella pudiera ser más suelta con el pequeño.