Celeste.
Habíamos llegado al dichoso bar todo polvoriento del que me habló Kael. Dejamos nuestras maletas en un hotel cercano hace un día.
—¡Kael! ¿Cómo has estado? —Un hombre vestido de traje y una barba larga lo saludó.
—Espero no haya problemas en que ellas estén presentes —Nos miró de reojo.
—Para nada —El hombre pasó un trapo por una mesa polvorienta y nos dio sillas—. Pensé que nunca volvería a verte. Recuerdo lo joven que estabas cuando viniste la última vez.
Había luna llena esa no