Kael.
Eran las dos de la madrugada.
La cabaña estaba en completo silencio, salvo por el crujido ocasional de la madera y el canto lejano de un búho.
Yo dormía profundamente, abrazado a Celeste, con una pierna sobre la suya y la cabeza medio enterrada en su cabello. Estaba soñando con algo agradable… creo que era una pelea épica contra un dragón que me ofrecía pastel de mora como recompensa.
Y entonces, una voz suave, pero urgente, me sacó del sueño.
—Kael…
—Mmm…
—Kael…
—¿Qué pasa? —murmuré, m