Capítulo 134: Antojo

Kael.

Eran las dos de la madrugada.

La cabaña estaba en completo silencio, salvo por el crujido ocasional de la madera y el canto lejano de un búho.

Yo dormía profundamente, abrazado a Celeste, con una pierna sobre la suya y la cabeza medio enterrada en su cabello. Estaba soñando con algo agradable… creo que era una pelea épica contra un dragón que me ofrecía pastel de mora como recompensa.

Y entonces, una voz suave, pero urgente, me sacó del sueño.

—Kael…

—Mmm…

—Kael…

—¿Qué pasa? —murmuré, m
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