Celeste.
El dolor en mi garganta era insoportable. Scarlet apretaba mi cuello con una fuerza brutal, su mirada estaba consumida por una ira desquiciada. Me odiaba. Sus ojos querían torturarme hasta la muerte. Me despreciaba por lo que había hecho, y cada palabra que escupía era un veneno dirigido directamente a mi corazón.
Ella se había vuelto completamente loca, y eso que perdió la mitad de su poder de bruja, aunque todavía le quedaba el de vampira.
—¡Mataste a mi hija! —gritó con todas sus