La mañana comenzó con algo imperceptible. Un par de miradas cruzadas entre asistentes. Un silencio incómodo en el ascensor. Algunos susurros, risas contenidas. Eva, acostumbrada al murmullo de fondo de la oficina, tardó un par de horas en notar que esta vez era distinto. El ambiente no era de tensión… era de escándalo.
A media mañana, Carla irrumpió en su oficina sin tocar.
—Tienes que ver esto —dijo, con la voz seca y un sobre en la mano.
Eva lo tomó sin prisa. Lo abrió con calma, como si ya s