El salón estaba iluminado por luces blancas, frías, y una decena de micrófonos apuntaban hacia el podio en el centro de la tarima. Afuera, la calle estaba colapsada. Cámaras, periodistas, ciudadanos curiosos y hasta algunos empleados de la empresa se agolpaban en la entrada del centro de conferencias del hotel donde Eva Montenegro había convocado a los medios.
Desde que se anunció la rueda de prensa, las especulaciones se multiplicaron. Nadie sabía con exactitud qué revelaría la mujer que había