La luz tenue de la ciudad se filtraba a través de las cortinas de su apartamento, proyectando sombras suaves en las paredes. Sentada en el borde de la cama, Eva sostenía una copa de vino entre las manos, pero apenas había probado el líquido carmesí. Su mente seguía atrapada en los eventos de la reunión.
Había ganado una batalla más. El proyecto avanzaba y su posición en la empresa se consolidaba.
Pero, a pesar de todo, una inquietud persistente la atormentaba. No era solo la amenaza constante