El reloj marcaba las siete de la mañana cuando Eva cruzó las puertas del edificio Duarte. A pesar de la hora temprana, el vestíbulo ya estaba lleno de empleados que se preparaban para la reunión adelantada del consejo. Las miradas curiosas la seguían mientras caminaba hacia el ascensor, pero Eva mantuvo la cabeza alta.
—Hoy no voy a fallar —se dijo en silencio mientras las puertas del ascensor se cerraban.
Al llegar al piso ejecutivo, encontró a la asistente de Alejandro organizando documentos